Después del matrimonio o con la llegada del primer hijo ¿cuántos de nosotros no nos hemos encontrado ante la alternativa existencial de comprar un terreno y construir o adquirir una casa nueva o para remodelar, o hacerse de un departamento en donde habitar?
Hoy, el mercado inmobiliario nos ofrece tantas posibilidades, tantos planes que suenan tan atractivos, que pareciera absurdo, a inicios de siglo XXI, osar siquiera pensar en construir la propia casa.
Pese a todo, nosotros decidimos hacerlo, después de considerar esto:
Primordialmente, las casas construidas en serie adolecen de algo: no fueron hechas o pensadas para quienes van a habitarlas. Parece increíble que alguien pague las sumas que se piden por este tipo de casas (en todo el espectro de ofertas) y no tener la oportunidad de opinar o participar en el programa del proyecto. Además, en el nombre de la seguridad, estas viviendas se encuentran encerradas en especies de guetos, una pegada a la otra, todas iguales, en una comunidad que más pretende ser una vecindad de lujo que lugares exclusivos para habitar.
Otro de los problemas que presentan estas casas ya construidas es que no responden a criterios de calidad, sino de margen y rentabilidad. Quien construye este tipo de desarrollos buscará, a toda costa, disminuir sus costos, aprovechándose del ojo no entrenado de los clientes, que se percatan ya muy tarde de la dudosa calidad de los acabados.
Es verdad que, en lo que respecta a lo visible, existen las casas o los departamentos que se ofrecen con cocinas italianas muy atractivas, pero no podrán saber nunca acerca de lo no visible, por ejemplo de la calidad de las canalizaciones y el cableado de la instalación eléctrica, y menos saber si ésta se encuentra balanceada eficientemente. Más tarde, cuando prendan su horno de microondas y las lámparas de la casa o del departamento se dañen, caerán en la cuenta de cuáles fueron los elementos en los que el constructor ahorró dinero. Observen y verán que la cancelería usada es, por lo regular, de muy baja calidad, y los vidrios rara vez son templados, mucho menos dobles para aislar del frío y el calor.






