El anhelo de adquirir una casa es una realidad alcanzable. Aunque el mercado inmobiliario también se ve afectado por la crisis, los planes de financiamiento y la oferta no se detienen.
El sueño de tener casa propia les rondaba la cabeza desde que eran enamorados. Cecilia, una licenciada en comunicación social de 31 años, y su esposo, Manuel, ingeniero de 33, planearon ahorrar mensualmente hasta reunir un monto considerable para dar la entrada y financiar el 70% del costo de su vivienda a diez años.
Se casaron hace dos años y lograron juntar $ 40.000, producto de la venta de una casa que ella tenía en Samanes. Con eso cancelaron parte de una vivienda de dos plantas ubicada en una urbanización, en el km 10½ de la vía a Samborondón, y aplicaron a un crédito de $ 27.000 en una entidad bancaria del país.
El préstamo les fue negado. “Para mí no había explicación porque era a diez años y ya había pagado un monto mayor en la entrada, pero me dijeron que ganaba muy poco”, cuenta ella. Su sueldo promedio al mes –con los descuentos del seguro social– es de $ 1.000, al igual que el de su esposo.
No le sirvió haber tenido seis años con sus cuentas de ahorro y corriente en esa entidad bancaria ni haber pagado antes de tiempo el préstamo que hizo para su carro. El problema, dice, era que para el banco ella gastaba mucho en sus tarjetas de crédito y eso podía afectar la cancelación del préstamo.
Como ella, el anhelo de vivienda para muchas parejas jóvenes, con hijos o profesionales solteros se torna complicado por estos tiempos. La crisis mundial, la mayor rigurosidad de los bancos para evaluar al solicitante y una menor oferta abonan a ello.
Para Simón David Zevallos, asesor en inversiones inmobiliarias, en general el mercado de bienes raíces no está contraído porque se sigue vendiendo; sin embargo, está sujeto a la oferta y la demanda y esta primera está disminuyendo de manera importante. La razón, indica, las inmobiliarias están comercializando los proyectos que emprendieron, pero no se están desarrollando nuevos ante la incertidumbre.
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